sábado, 1 de septiembre de 2007

El Hospital Garrahan es su gente




LA COLUMNA
El Hospital Garrahan es su gente


Una persona puede ser una institución. Por abnegación y sensibilidad; por solidaridad, sacrificio, pasión por lo que hace. Y no lo decide, lo consagran los demás: en general, las instituciones humanas son modestas.

El Hospital Garrahan es una institución pública que honra la medicina. Ahí curan, sufren, investigan, se alegran héroes de proezas diarias en la atención a los chicos. Ese hospital admirable está cumpliendo 20 años. Sostenerlo y enriquecerlo debería ser una política de Estado y un orgullo de esta sociedad.

Durante estos 20 años trabajó en el Garrahan una mujer que no era cirujana, médica, anestesista, enfermera, asistente social, portera ni secretaria. Pero era un pilar, imprescindible. Se llamaba Ana María Paunero, fue la jefa de Prensa más dulcemente persuasiva de que se tenga memoria, y una enfermedad la privó de celebrar. Murió en abril. Había enviudado joven de un querido colega de La Razón, y crió y educó a sus dos varones con sangre, sudor y lágrimas. Y además sufrió por los hijos de los demás.

Porque Ana fue muchísimo más que una redactora de gacetillas breves y precisas (también escribía poesía), organizadora de ruedas de prensa en el momento oportuno para el cierre (se agradece) y traductora al lenguaje popular de cada hazaña del hospital (se extraña). Trascendió su tarea "oficial" con tacto y delicadeza: la sonrisa para facilitar un turno urgente, la frase amable para llegar al tesoro del remedio inhallable, el dato sutil para amplificar la fantástica tarea de la Casa Garrahan, un remanso de calidez para padres desesperados que llegan desde la Argentina remota.

Abría todas las puertas, la saludaba con afecto todo el planeta Garrahan. Estaba orgullosa de la institución, que co-construyó. Este verano, en su silla de ruedas, saboreó de cerca el recital de Serrat para los chicos del hospital. Fue idea suya, lo invitó por carta y el catalán hizo una cálida, excepcional visita en medio del trajín de sus recitales.

Los grandes sufrimos tu ausencia, Ana. Pero miles de chicos sonríen por vos.

Luis Sartori es subdirector periodístico de La Razón.




(Nota extraída del Diario Clarín con fecha VIERNES 31 AGO 2007 , Sección Opinión).


Nota publicada a pedido de mi amiga María Rosa Vara.