jueves, 11 de octubre de 2007

El Amor


“ En una de las salas de un colegio había varios niños.
Uno de ellos preguntó:

– Maestra… ¿qué es el amor?

La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en hora de recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajesen lo que más despertase en ellos el sentimiento del amor.

Los chicos salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:

– Quiero que cada uno muestre lo que trajo consigo.
El primer alumno respondió:
– Yo traje esta flor: ¿no es linda?

Cuando llegó su turno, el segundo alumno dijo:

Yo traje esta mariposa. Vea el colorido de sus alas: la voy a colocar en mi colección.

El tercer alumno completó:

– Yo traje este pichón de pajarito que se cayó del nido ¿no es gracioso?

Y así los chicos, uno a uno, fueron colocando lo que habían recogido en el patio.

Terminada la exposición, la maestra notó que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido quieta durante todo el tiempo. Se sentía avergonzada porque no había traído nada.

La maestra se dirigió a ella y le preguntó:

– Muy bien: ¿y vos? ¿no has encontrado nada?

La criatura, tímidamente, respondió:

Disculpe, maestra… Vi la flor y sentí su perfume; pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma por más tiempo. Vi también la mariposa, suave, colorida, pero parecía tan feliz que no tuve el coraje de aprisionarla. Vi también el pichoncito caído entre las hojas, pero… al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre …

Por lo tanto, maestra, traigo conmigo el perfume de la flor, la sensación de libertad de la mariposa y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito.

– ¿Cómo puedo mostrar lo que traje?

La maestra agradeció a la alumna y le dio la nota máxima, considerando que había sido la única que logró percibir que sólo podemos traer el amor en el corazón.”

sábado, 1 de septiembre de 2007

El Hospital Garrahan es su gente




LA COLUMNA
El Hospital Garrahan es su gente


Una persona puede ser una institución. Por abnegación y sensibilidad; por solidaridad, sacrificio, pasión por lo que hace. Y no lo decide, lo consagran los demás: en general, las instituciones humanas son modestas.

El Hospital Garrahan es una institución pública que honra la medicina. Ahí curan, sufren, investigan, se alegran héroes de proezas diarias en la atención a los chicos. Ese hospital admirable está cumpliendo 20 años. Sostenerlo y enriquecerlo debería ser una política de Estado y un orgullo de esta sociedad.

Durante estos 20 años trabajó en el Garrahan una mujer que no era cirujana, médica, anestesista, enfermera, asistente social, portera ni secretaria. Pero era un pilar, imprescindible. Se llamaba Ana María Paunero, fue la jefa de Prensa más dulcemente persuasiva de que se tenga memoria, y una enfermedad la privó de celebrar. Murió en abril. Había enviudado joven de un querido colega de La Razón, y crió y educó a sus dos varones con sangre, sudor y lágrimas. Y además sufrió por los hijos de los demás.

Porque Ana fue muchísimo más que una redactora de gacetillas breves y precisas (también escribía poesía), organizadora de ruedas de prensa en el momento oportuno para el cierre (se agradece) y traductora al lenguaje popular de cada hazaña del hospital (se extraña). Trascendió su tarea "oficial" con tacto y delicadeza: la sonrisa para facilitar un turno urgente, la frase amable para llegar al tesoro del remedio inhallable, el dato sutil para amplificar la fantástica tarea de la Casa Garrahan, un remanso de calidez para padres desesperados que llegan desde la Argentina remota.

Abría todas las puertas, la saludaba con afecto todo el planeta Garrahan. Estaba orgullosa de la institución, que co-construyó. Este verano, en su silla de ruedas, saboreó de cerca el recital de Serrat para los chicos del hospital. Fue idea suya, lo invitó por carta y el catalán hizo una cálida, excepcional visita en medio del trajín de sus recitales.

Los grandes sufrimos tu ausencia, Ana. Pero miles de chicos sonríen por vos.

Luis Sartori es subdirector periodístico de La Razón.




(Nota extraída del Diario Clarín con fecha VIERNES 31 AGO 2007 , Sección Opinión).


Nota publicada a pedido de mi amiga María Rosa Vara.

jueves, 26 de julio de 2007

Es un fresco día de abril. En un barrio cualquiera, hay una humilde casa que habitan dos mujeres. En este momento se encuentran cada una dedicada a tareas diferentes. Alicia limpia la mesa del comedor, donde recién, junto a María, tomaron un mate cocido con pan para calentar el cuerpo y mitigar el hambre; mientras tanto, recuerda aquél día, cuando junto a María y su hijo Juan de apenas doce años, llegaron desde Bolivia en busca de una vida mejor.
Por su lado, María se encuentra sentada frente al único aparato lujoso que tienen en la habitación. El televisor está encendido. Ella lo mira y sonríe. Su sonrisa es triste, asemejándose mucho más a una mueca de dolor que a un gesto de alegría.
"¿Qué pasa?", pregunta Alicia. María, con el tono de voz bajo que siempre la caracterizó, le comenta la protesta que unos cuantos chicos están realizando ahora mismo frente al obelisco de la ciudad. Lo están haciendo porque en Tucumán decidieron suspender el recital que pensaba ofrecer la banda Callejeros.
"Esa banda, ¿te acordás?”, le dice. "Esa que quería ir a ver el Juan y después no pudo porque había que apurar el trabajo en el taller y por más que lo pidió, los patrones no lo dejaban mover de las máquinas"
Desde el noticiero se continúa hablando del desastre de Cromañón.
"Qué desastre fue, ¿no? Cuántos chicos murieron esa vez. Mirá si hasta el Papa habló del dolor por la tragedia y los bendijo. Los presidentes de varios países, apoyaron también a la gente por aquél accidente. Lo hicieron todos y eso que están lejos de aquí."
Alicia se detiene. Parece suspendida en el vacío, hasta que de pronto comienza a temblar. Afuera y adentro hace frío, pero no es eso lo que ocurre. Alicia tiembla porque no sabe qué decir.
Mientras tanto, María con la mirada hacia abajo, continúa: "Mirá si habrá sido importante el accidente que hasta se decretó duelo nacional por tres días. ¡Duelo nacional por tres días en memoria de las víctimas, se decretó!. Hasta se prohibieron los bailes; los bailes y los espectáculos musicales; hasta los recitales se prohibieron." María no puede callar. "¡Y todo lo que pasó después, comenta, hasta el jefe del Gobierno cayó.!"
Hubo un tenso silencio que nuevamente rompió María. "Mirá si a pesar de que pasó en la noche del 30 al 31 de diciembre de 2004, todavía aparece algo sobre la tragedia en las tapas de los diarios, en los noticieros o en las radios."
"¿Malos días los 30, no?” continua tristemente María, “ Fijate que también fue 30, pero de marzo, ahorita nomás, cuando se prendió fuego el taller donde trabajaba el Juan."
Otra vez el silencio lastimaba atravesando el alma de las dos mujeres.
"Mi Juan, mi hijito, tenía solo quince, y pensar que vino con nosotras tan chiquito desde Bolivia para poder juntar plata y mandarla a la familia. Trabajaba tanto… si hasta se quedaba dormido abrazado a la máquina y después compartía la poca comida que le daban. Juancito, que de tan quemado no pude reconocerlo." De pronto María calla, ya no puede hablar.
Alicia mira a los ojos a María. No hay palabras para consolar tanto dolor. Desde el televisor se escuchan las noticias del día que un periodista detalla minuciosamente, pero aunque María y Alicia permanecen atentas, no escucharon nada que recuerde el incendio del taller en el barrio de Caballito. Nadie habla de esas seis vidas que el fuego se llevó, todos bolivianos indocumentados.
En la pared de la humilde habitación, cuelgan de un clavo las zapatillas nuevas que le habían comprado a Juan y que él nunca pudo estrenar; al igual que en el altar popular erigido en el barrio de Once, donde varios pares de zapatillas penden de diferentes sitios. Todas merecen el mismo respeto, tienen el mismo valor, todas parecen hablar de los mismos derechos.
Alicia se acerca, y ambas mujeres se abrazan largamente sin que medie palabra; saben que para ellas ya nada será como antes, porque tienen la certeza de que nadie llorara las muertes ocultas.


María Rosa Vara

jueves, 19 de julio de 2007

Opinión

"El mundo, a veces incorpora hechos históricos que al contrastarlos con la vida real, resultan inverosímiles"

¿Qué opinás de esta frase?


Opino que tenés razón, pero depende de cada uno saber discernir cuando son inverosímiles y no coinciden con la vida real.- Ana M. Pierucci

Querés decir que los hechos históricos no fueron reales? ¿qué son hechos ficticios? armados?.- Graciela Piniella

Hechos históricos, bastantes armados.- Fernanda Jaime

miércoles, 18 de julio de 2007

Pensamientos de mi padre

Dos niñas se peleaban en el patio de su casa, el motivo?.... una moneda, que solo serviria para comprar alguna golosina.
Acertaba a pasar por allí el padre de ellas y observando y escuchando atentamente la discusión les dijo:
“pobres son aquellas personas que pelean por una moneda.....porque si solo una la lleva, la otra se queda sin nada....
pero que diferente es cuando cada una tiene una idea, y lucha por ella, lo mas probable será que al retirarse ambas sean ricas.......porque las dos se iran cada una con dos ideas.....”
Por María Rosa Vara.

María Rosa envía un Pensamiento....

"No podemos descender dos veces al mismo rio" pues cuando desciendo al rio por segunda vez ni yo ni el rio somos los mismos - Heráclito, quien pensaba que los cambios constantes eran los rasgos básicos de la naturaleza- J. Gaarden-EL MUNDO DE SOFIA- año 1996. Ed. Siruela Pag. 42

Y te preocupas si no ganás?

En una cena de beneficencia para una escuela de niños con capacidades
especiales, el padre de un estudiante pronunció un discurso que nunca
Será olvidado por las personas que lo escucharon.

Después de felicitar y exaltar a la escuela y a todos los que trabajan en
ella, este padre hizo una pregunta: 'Cuando no hay agentes externos que
interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la
perfección.

Pero mi hijo, Herbert, no puede aprender como otros niños lo hacen.

No puede entender las cosas como otros niños.

¿Donde está el orden natural de las cosas en mi hijo?

La audiencia quedó impactada por la pregunta.

El padre del niño Continuo diciendo: 'Yo creo que cuando un niño como
Herbert, física y mentalmente discapacitado viene al mundo, una
oportunidad de ver la naturaleza humana se presenta, y se manifiesta en la
forma en la que otras personas tratan a ese niño'.

Entonces contó que un día caminaba con su hijo Herbert cerca de un parque
donde algunos niños jugaban baseball. Herbert le pregunto a su padre:

'¿Crees que me dejen jugar?'

Su padre sabia que a la mayoría de los Niños nos les gustaría que alguien
como Herbert jugara en su equipo, pero el padre también entendió que si le
permitían jugar a su hijo, le darían un sentido de pertenencia muy
necesario y la confianza de ser aceptado por otros a pesar de sus
habilidad especiales.

El padre de Herbert se acerco a uno de los niños que estaban jugando y le
pregunto (sin esperar mucho) si Herbert podría jugar.

El niño miro alrededor por alguien que lo aconsejara y le dijo: Estamos
perdiendo por seis carreras y el juego esta en la octava entrada. Supongo
que puede unirse a nuestro equipo y trataremos de ponerlo al bate en la
novena entrada'.

Herbert se desplazo con dificultad hasta la banca y con una amplia
sonrisa, se puso la camisa del equipo mientras su padre lo contemplaba con
lágrimas en los ojos por la emoción.

Los otros niños vieron la felicidad del padre cuando su hijo era aceptado.


Al final de la octava entrada, el equipo de Herbert logro anotar algunas
carreras pero aun estaban detrás en el marcador por tres.

Al inicio de la novena entrada, Herbert se puso un guante y jugo en el
jardín derecho.

Aunque ninguna pelota llego a Herbert, estaba obviamente extasiado solo
por estar en el juego y en el campo, sonriendo de oreja a oreja mientras
su padre lo animaba desde las graderías.

Al final de la novena entrada, el equipo de Herbert anoto de nuevo.
Ahora con dos 'outs' y las bases llenas la carrera para obtener el triunfo
era una posibilidad y Herbert era el siguiente en batear.

Con esta oportunidad, ¿dejarían a Herbert batear y renunciar a la
posibilidad de ganar el juego?

Sorprendentemente, Herbert estaba al bate.

Todos sabían que un solo 'hit' era imposible por que Herbert no sabia ni
como agarrar el bate correctamente, mucho menos pegarle a la bola.

Sin embargo, mientras Herbert se paraba sobre la base, el 'pitcher',
reconoció que el otro equipo estaba dispuesto a perder para permitirle a
Herbert un gran momento en su vida, se movió unos pasos al frente y tiro
la bola muy suavemente para que Herbert pudiera al menos hacer contacto
con ella.

El primer tiro llego y Herbert abanico torpemente y fallo.

El 'pitcher' de nuevo se adelanto unos pasos para tirar la bola suavemente
hacia el bateador.

Cuando el tiro se realizo Herbert abanico y golpeo la bola suavemente
justo enfrente del 'pitcher'.

El juego podría haber terminado. El 'pitcher' podria haber recogido la
bola y haberla tirado a primera base.

Herbert hubiera quedado fuera y habría sido el final del juego.
Pero, el 'pitcher' tiro la bola sobre la cabeza del niño en primera base,
fuera del alcance del resto de sus compañeros de equipo.

Todos desde las graderías y los jugadores de ambos equipos empezaron a
gritar 'Herbert corre a primera base, corre a primera' nunca en su vida
Herbert había corrido esa distancia, pero logro llegar a primera base.
Corrió justo sobre la línea, con los ojos muy abiertos y sobresaltado.

Todos gritaban, '¡Corre a segunda!' recobrando el aliento, Herbert con
dificultad corrió hacia la segunda base.

Para el momento en que Herbert llego a segunda base el niño del jardín
derecho tenia la bola...el niño mas pequeño en el equipo y que sabia que
tenia la oportunidad de ser el héroe del día.

El podía haber tirado la bola a segunda base, pero entendió las
intenciones del 'pitcher' y tiro la bola alto, sobre la cabeza del niño en
tercera base.

Herbert corrió a tercera base mientras que los corredores delante de el
hicieron un circulo alrededor de la base.

Cuando Herbert llego a tercera, los niños de ambos equipos, y los
espectadores, estaban de pie gritando '¡corre a 'home'! corre'.

Herbert corrió al 'home', se paro en la base y fue vitoreado como el héroe
que bateo el 'grand slam' y gano el juego para su equipo. 'Ese día', dijo
el padre con lágrimas bajando por su rostro, 'los niños de ambos equipos
ayudaron dándole a este mundo un trozo de verdadero amor y humanismo'.

Herbert no sobrevivió otro verano. Murió ese invierno, sin olvidar nunca
haber sido el héroe y haber hecho a su padre muy feliz, haber llegado a
casa y ver a su madre llorando de felicidad y ¡abrazando a su héroe del
día!



Tantas interacciones entre personas aparentemente sin significado, nos
presentan una elección: podemos transmitir una pequeña chispa de amor y
humanismo o dejamos pasar esas oportunidades y permitir que el mundo se
enfríe cada vez más.

Un hombre muy sabio dijo una vez que toda sociedad es juzgada por como
trata a los menos afortunados entre ellos.

'La persona más rica no es la que más tiene, sino la que menos necesita'